Un antiguo almacén en Miami se transforma en un museo de arte contemporáneo latinoamericano

MIAMI, EEUU — Lo que una vez fue un depósito de materiales eléctricos en las afueras del suroeste de Miami, Florida, ha surgido como una nueva institución dedicada a albergar la obra de artistas plásticos de Cuba y América Latina.

Hace seis años, Leonardo Rodríguez fundó el Kendall Art Center. Recientemente, logró la certificación necesaria para renombrarlo como el Museo de Arte Contemporáneo de las Américas, con un enfoque en el sur de Florida.

Rodríguez, quien llegó a Estados Unidos desde Cuba en 1999, trajo consigo su colección de arte cubano, que incluye decenas de obras de artistas contemporáneos. Sin embargo, aspiraba a algo más, como explicó en una entrevista con la Voz de América.

Su colección cuenta con más de 200 obras, incluyendo piezas de reconocidos artistas como Eduardo Abela (hijo), Ángel Acosta León, Belkis Ayón, Cundo Bermúdez, Antonia Eiriz y Mariano Rodríguez.

Rodríguez transformó un almacén de productos eléctricos en una galería para las obras de su colección, y desde entonces ha presentado aproximadamente cada mes y medio una exposición con la obra de algún artista de su colección.

El museo también se centra en el teatro, la música y el servicio a la comunidad. En términos de audiencia, los eventos «nunca han bajado de 200, 300 personas», dijo Rodríguez.

Las artistas Milena Martínez e Ivón Ferrer forman parte de la junta directiva del Museo. Algunas de las obras de la colección de Rodríguez se encuentran en museos de arte en Melbourne y Daytona, en Florida, y en Washington DC.

A raíz de la pandemia de coronavirus, el entonces Kendall Art Center tuvo que cerrar sus puertas, pero no dejó de trabajar y crearon un centro de cerámica. «Al crear el centro de cerámica empezamos a brindarles a los artistas los medios, las pinturas, el horno, todo el material para que el artista no desvalorara su obra, porque no había dinero», señaló Rodríguez.

Rodríguez cree que ha sido de gran impacto acoger la cerámica entre las manifestaciones. Los resultados, dice, están a la vista, en los platos de 16 pulgadas. «Quería reconquistar la palabra cerámica dentro de la Florida, como una obra de arte más compleja que una tela. Tiene otro espíritu», concluye.

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