Demandas millonarias al Estado por muertes en cárceles



Video 1. Fue filmado hace 10 días. Dos celdas son abiertas y cinco presos se enfrentan a otros internos. Uno de los reclusos, que logra salir al pasillo, lleva una lanza. Otro, un machete de un metro de largo. Encima de sus cuerpos colocan frazadas para amortiguar las balas de goma disparadas por los guardias desde otro sector. Los presos, a través de la mirilla de la puerta, tiran lanzazos y puñaladas hacia el interior de dos celdas. Desde adentro se ven cuchillos. La estrategia es simple y metódica: el del machete tira un golpe hacia adentro y cuando los otros contratacan, el de la lanza embiste. Al final, el preso tira la lanza hacia dentro de la celda. No se percibe si alguno es herido. Una veintena de policías reducen a los reclusos con balas de goma, culatazos, chachiporrazos y patadas.

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Video 2. Es reciente. La cámara enfoca dos celdas. Primero es una llamita en la puerta de la celda. Luego, el fuego crece. En el calabozo de al lado también hay llamas. Los colchones de polifón arden. No se sabe si los reclusos sobrevivieron o no.
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Video 3. La cámara hace un paneo adentro de una celda del Penal de Libertad. Es casi un documental de un celdario de los tantos existentes en la cárcel. Una mesa circular de material rota en un extremo, tres envases de refrescos cortados por la mitad que ofician de platos, una pasta de dientes, un rollo de papel higiénico, una taza de plástico, un pote pequeño de shampoo y una Biblia. En un costado, un baño de material. Enfrente, dos bancos cilíndricos. Una de las ventanas de la celda da hacia un enorme basural donde todos los presos del módulo tiran sus desperdicios.

La violencia, la suciedad y la deshumanización son moneda corriente en los tres mayores penales del sistema: Libertad, Comcar y Canelones. Los tres alojan más de la mitad de los 11.100 presos existentes. Y también son escenarios de la mayoría de las muertes de reclusos.

En un informe fechado en noviembre de 2018, el comisionado parlamentario Juan Miguel Petit dice que la violencia sigue emergiendo de manera constante en los macropenales.

En lo que va del 2018 se produjeron 32 muertes violentas (homicidios y suicidios) en las cárceles. En 2017 se registraron 47 fallecimientos en los penales; 28 de ellos fueron muertes violentas (17 homicidios y 10 suicidios y una por caída de altura por causas no claras) y 19 por enfermedades. En 2016 también hubo 47 muertes.

En sedes civiles de primera y segunda instancia hay por lo menos 12 demandas de familiares de presos asesinados al Estado, por sumas que oscilan entre US$ 290.000 y US$ 500.000, según los expedientes judiciales a los que accedió El País. De acuerdo a abogados consultados todas ellas cuentan con grandes posibilidades de ganar porque el Ministerio del Interior tiene la obligación de cuidar la vida de las personas dentro de la prisión.

El temor de salir en la tele y sus consecuencias
Solo a los presos “jugados” (con largas condenas) les sirve salir en la televisión. Aquellas personas que fueron remitidas por delitos económicos o drogas no les interesa que su caso se haga público. Enseguida se transforman en un blanco fácil para bandas de jóvenes que buscan chantajearlos. Es que gran parte de los presos son jóvenes pobres que no reciben visitas de sus familiares. Ello significa que no tienen

El abogado Nicolás Pereyra, representante de familias de presos fallecidos, dijo que la responsabilidad del Ministerio del Interior queda probada, en muchos casos, por las sanciones administrativas que impone a los funcionarios que actuaron con negligencia en el momento en que ocurrieron las muertes de los internos.

“El único responsable de la custodia y cuidado de los reclusos es el Ministerio del Interior, no pudiendo cumplir con ninguno de los principios de rehabilitación de nuestro sistema penal, ni siquiera pudo cuidar la vida de los reclusos”, dice Pereyra en una demanda a la que accedió El País.

El lunes 19, el juez de lo Contencioso Administrativo de 1er. Turno, Gabriel Ohanian, condenó al Estado al pago de una indemnización de US$ 80.000 más intereses desde la presentación de la demanda (hace un año) a familiares de una víctima representados por Pereyra. El juez entendió que hubo fallas de servicio del Ministerio del Interior en el cuidado del interno.

Dentro de 15 días se realizará la audiencia de conciliación de la demanda iniciada por la madre de Marcelo “el Pelado” Roldán, María Cristina Requeijo, y su abogado Marcos Pacheco, contra el Ministerio del Interior. Aún no trascendió la cifra de la indemnización que se solicitará a la cartera.

Pacheco, quien tiene otras cinco demandas de familiares de muertos, considera en sus escritos que es habitual que los reclusos tengan “cortes” carcelarios y los fabriquen. Y afirma que es notorio que el Ministerio del Interior no garantiza su obligación de seguridad, ni brinda garantías para que los presos cumplan su pena y, al salir de la cárcel, puedan adaptarse a la sociedad.

El profesional defiende a varios reclusos extranjeros alojados en el Penal de Libertad. “Me preocupa su integridad física. Corren riesgos de que les cobren ‘peajes’ (deben pagar a otros presos por su seguridad) o que los maten. Roban sus pertenencias. Ni la guardia sabe cómo entraron a sus celdas”, dijo Pacheco a El País.

Lo denunció el comisionado parlamentario y muchos abogados: el “peaje” es moneda corriente en el Penal de Libertad y en las cárceles de Comcar y Canelones. El modus operandi es sencillo: a un preso recién llegado le entregan un celular. “Llamá a tu madre y hablá sin problemas. Acá todos somos compañeros”, explica un integrante de la organización.

Al otro día, un familiar recibe una llamada desde la cárcel: “Paguen determinada suma o matamos a su hijo”. Así comienza la pesadilla para cientos de familias afectadas por estas maniobras.

Hace poco tiempo las mirillas de las puertas del Módulo 8 del Comcar estaban tapadas con cartones. Cada vez que se movían los cartones, una “lanza” hecha con un hierro afilado, salía disparada hacia un recluso o un policía que pasaba por el pasillo. También tiraban aceite hirviendo desde la celda. Eso, por el momento, se terminó.

En la interna carcelaria, el Módulo 8 del Comcar es calificado como “el infierno”. Tiene 502 presos, una sobrepoblación del 10% y celdas en muy mal estado, según un informe del comisionado parlamentario Juan Miguel Petit.

El documento dice que en el Módulo 8 se contabilizaron 448 colchones o colchonetas muy finas de polifón (en muchos casos, pedazos de colchonetas o muy rotas).

Se relevaron 57 personas que no tienen una colchoneta para dormir. En todos los sectores hay muchas celdas que se llueven o tienen goteras o humedades importantes.

“Las celdas que están abajo también reciben las humedades de las de arriba, en particular cuando se inundan”, expresa Petit en su informe al Parlamento.

Las celdas tienen serios problemas de desagües, lo que lleva a los internos, en muchos casos, a hacer agujeros para que el agua salga para afuera.

El informe agrega que, dadas las goteras y las humedades, los pisos son muy húmedos, con lo cual se configura un ambiente sumamente inadecuado para estar todo el día y para dormir (particularmente para dormir en el piso), en especial para los que presentan vulnerabilidades respiratorias. “Este ambiente es particularmente nocivo cuando se combina con el frío del invierno”, advierte.

En las celdas no hay ventanas, únicamente ranuras verticales (60 x 15 centímetros) sin ninguna protección, exponiendo la habitación a la entrada del viento, frío y humedad. La iluminación y la ventilación resultan deficitarias. No hay duchas. En todos los sectores relevados se denunció la presencia de ratas, cucarachas y en algunos casos arañas, dice Petit.

A SANGRE FRÍA
Testimonios de asesinos y testigos de crímenes
CUCHILLAZOS. El recluso asesino confesó a los guardias del Penal de Libertad: “Yo me crucé para el patio que él (la víctima) estaba a través de un agujero en los tejidos. Entonces yo saqué dos ‘cortes’ (cuchillos artesanales) y le di un par de puñaladas en el pecho y un fierrazo en la cabeza. Luego regresé a mi patio”. Según el expediente judicial, las fotos de la víctima en el piso no son las mismas que las que figuran en el prontuario. Las ropas del fallecido no están manchadas de sangre, “algo imposible” para una persona que muere de anemia aguda y se desangró hasta la muerte, agrega el documento. “A fojas 18 nos encontramos con el documento más ‘dudoso’ del expediente. Se trata de un Acta la cual no tiene fecha, en la que se le pregunta al difunto recluso si deseaba que las autoridades del establecimiento le otorgaran medidas de seguridad. El preso responde que no. Cabe destacar que la actora (familiar del recluso asesinado) desconoce la firma que luce ese documento como la del difunto”, agrega el expediente judicial.

ESPADAS. “Los funcionarios penitenciarios del Penal de Libertad, fueron realmente negligentes en el cumplimiento de su obligación de seguridad y protección de los reclusos, y como consecuencia de ello murió Enrique S. En primer lugar, el fallo está en que se permite a los internos portar ‘cortes’ carcelarios que parecen verdaderas espadas. En segundo lugar, no controlar y no reprimir el daño que los reclusos efectúan al mismo establecimiento carcelario, si no hubieran existido los agujeros en los patios, el homicida no hubiera podido dar muerte al marido de mi clienta. Por último, la conducta del policía Agente de Segunda Rubén R., fue más que negligente, advirtiendo una reyerta gravísima entre dos reclusos en la cual uno pelea con dos ‘cortes’ carcelarios contra otro, en la cual el recluso indefenso corre peligro de vida, a lo único que atina es a efectuar disparos intimidatorios al aire, y una vez que ve que sigue el incidente, sigue disparando al aire”. (Demanda contra el Ministerio del Interior).

LANZAZO. Un recluso relata el homicidio de su compañero de celda en el Penal de Libertad. “Al (poco) rato que Martín B. llegó a la celda no duro mucho. Después que le dijeron que estaba en el horno fueron fracciones de segundos viene el fajinero y le dice: ‘Vos venís por matar al primo de mi compañero, vos estás en el horno, vos de acá no te vas’. El botija estaba sentado. Siento un ruido y rebota una piedra. Él me dice: ‘Me partieron la cabeza, Jona’. Le digo: ‘Tenés que irte porque te van a matar’. El pibe se levanta le pega dos patadas a la puerta de la celda. Le tiran dos ‘viajes’ (puñaladas) a la cara con una lanza. Grita. Fue de vuelta a la puerta. Otro ‘viaje’ al pecho. El botija empezó a convulsionar y cayó. Ahí le tiré dos patadas a la puerta y veo al ‘Pegajoso’ tirando agua con un pomito y pasando el lampazo” limpiando la sangre que llegó al pasillo.

El País 
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