El 'efecto Mundial': ¿de verdad mejora la economía de los países que lo ganan?

Ganar el Mundial de fútbol. Una gesta deportiva que nos alegra el día, destroza gragantas, agota las banderas y las pinturas de cara en las tiendas… Pero, al margen del subidón, ¿tiene un efecto real y duradero en la economía del país que levanta el trofeo de la FIFA?

Las investigaciones que se han basado en la actividad de los mercados y las cotizaciones bursátiles no son concluyentes: más allá del aumento de artículos de merchandising –camisetas, balones…– relacionados con los colores del equipo ganador o el incremento del montante de los derechos por televisar los partidos, no se ha registrado un efecto medible. Ni siquiera la previsible mejora del estado de ánimo de los inversores –lo que se conoce como “hipótesis del sentimiento deportivo”– se parece contagiarse a los movimientos de las empresas cotizadas en Bolsa, como apunta un metaanálisis de varios estudios realizado en 2017.

Esta es una de las conclusiones que han extraído los investigadores Juan L. Nicolau y Abhinav Sharma, de la Escuela de Negocios Pamplin de la Universidad de Virginia Tech, al repasar la literatura científica sobre el asunto, como se puede leer en la revista Tourism Management.

Lo que sí se ha apreciado, como observó hace años el propio Nicolau, es que la máxima victoria futbolística puede dar un empujón al turismo del país ganador. O, por lo menos, eso le pasó a España en 2010: el gol de Iniesta en el minuto 116 revalorizó nuestra marca en el mercado. A la gente le sonaba más –en primer lugar, porque el país se llama igual que la selección–, lo que les influyó a la hora de escoger destino para sus vacaciones. Pero ¿ha ocurrido en otras ediciones del campeonato?

Spain is different


Nicolau y Sharma han puesto el foco en los beneficios diarios de las acciones compañías turísticas en la Bolsa, sobre todo las cadenas hoteleras y las líneas aéreas, a partir de la base de datos de Bloomberg. Específicamente, analizaron los movimientos –la jornada de la final, los dos días antes y dos de después– registrados en seis compañías de Francia tras ganar su selección en 1998; cuatro de Italia (2006); cuatro de España (2010), y cinco de Alemania, que se alzó con la victoria en 2014. El caso brasileño no pudo ser evaluado porque, en 2002, ninguna empresa turística de ese país cotizaba en el mercado de valores.

Los resultados no admiten lugar a dudas: las cotizaciones no sufrieron un cambio anormal –solo un alza levísima el mismo día del evento– que pudiera atribuirse al partido… excepto, como ya se sabía, en 2010. ¿Y a qué se debe la excepción española? Los autores del trabajo lo ignoran, ya que los otros países estudiados –Francia e Italia, particularmente– son también destinos turísticos potentes. Nicolau y Sharma sugieren ampliar las investigaciones a los clubs y valorar el impacto económico de sus triunfos deportivos en las regiones donde están las ciudades que representan.
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